Desde nuestros primeros años de educación primaria aprendemos los tiempos verbales que básicamente son: presente, pasado y futuro, pasando por una gama de clasificaciones que no viene al caso mencionar.  En ese entonces aprendiste a conjugar los verbos en estos tres tiempos y tal vez lo aprendiste bien, pero la pregunta del millón es ¿Aprendiste a conjugar los tiempos de tu vida? ¿o te quedaste en el pasado lamentándote de lo que no hiciste, sufriendo por las heridas que ya deberían estar cicatrizadas?  ¿O por el contrario vives preocupado por el futuro, ansioso por el porvenir y lleno de temores por la incertidumbre?.

     Nuestra mente tiene la habilidad de proyectarnos al pasado y al futuro, pero en estos viajes fluctuantes entre esos dos tiempos vivimos con la carga del pasado y la amenaza del futuro y nos perdemos del valioso presente, del aquí y el ahora.  Respecto a esto Walter Riso en su libro “Sabiduría emocional” menciona dos tipos de personalidades nada saludables: la personalidad adicta al futuro, incapaz de liberarse del poder y la ambición;  y la personalidad  atada al pasado, incapaz de liberarse de la necesidad de aprobación y al mal hábito de postergar, cargados de culpas. 

     En el libro de Isaías capítulo 43  dice:

18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.

19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

     No podemos ver lo nuevo si no dejamos el pasado atrás, no podemos ver la luz de un nuevo camino si nuestros ojos están mirando hacia la oscuridad de un camino ya transitado, no podemos ver los ríos si nos estancamos en los desiertos del pasado.  Y no digo que sea fácil, ni que yo lo haya logrado por completo, pero haciéndonos conscientes del peligro de quedarnos anclados en el pasado ya hace que demos el primer paso hacia el presente.

     En el otro extremo que puedes estar es en la personalidad adicta al futuro, tu necesidad de control te hace temer a la incertidumbre, la ansiedad te inquieta, el afán y la ambición te hace trabajar en función del futuro, perdiéndote por completo del “hoy”, arrancando de ti la oportunidad de disfrutar el ahora.  La clave para dejar de ser un adicto al futuro es LA FE, aprende a descansar en la fe y vive confiado en Dios. 

Jeremías 29:11 dice: Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.

Si aprendes a conjugar los tiempos en tu vida:

  • Te harás consciente de tu presente, lo aprovecharás al máximo, sin perderte los momentos que merecen tu atención hoy, disfrutando de las personas que te acompañan en el viaje de la vida, sembrando acciones que cosecharás en tu futuro, aceptando que la incertidumbre existe pero sustentándote con la fe, que aquieta tu mente y tu corazón. 
  • Te soltarás de la atadura de tu pasado, dejando ir los rencores y resentimientos no solo hacia otros sino también aquellos que apuntan hacia ti mismo, dejando el mal hábito de postergar, levantando tus ojos hacia lo nuevo que está por acontecer y agradeciendo el presente como una nueva oportunidad de cambiar, reconsiderar tus opciones y hacer algo nuevo para obtener resultados diferentes a los del pasado. 

La vida es hoy, no dejes de vivirla por divagar entre el pasado y el futuro.  Tu presente no es una estación en la que esperas el futuro mientras recuerdas el pasado, tu presente es tu única oportunidad real de vivir.

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