Cuando piensas que puedes ser comido por un león estas asumiendo que eres la presa o la victima de ese león. Por el contrario cuando piensas que vas a acabar con el león, estas asumiendo que eres su cazador.

¿Cual es tu identidad ante los leones que la vida te presenta?

¿Eres presa o eres el cazador?

Tus leones, son aquellas cosas que amenzan tu vida, estabilidad y propósito. Pueden estar representados por problemas financieros, familiares, matrimoniales, profesionales, espirituales, ministeriales, entre otros. Pero lo importante no es cual es tu león, de que tamaño es o cuan fuerte ruge, sino la identidad que asumes ante éste y la actitud que muestras ante su amenaza.
Hay algo muy interesante que descubrí acerca de los leones y es que aunque por lo general el león no ruge cuando está a la caza de un animal salvaje, sí lo hace si se trata de una manada encerrada en un cercado. Con su impresionante rugido los pone en estampida a fin de conseguir que rompan la cerca, y una vez que esto ha ocurrido, aísla a su víctima hasta que logra atraparla. Es decir, que el rugido del león es para infundir miedo, para desestabilizar tus emociones y que corras alocadamente sin saber hacia donde vas, rompiendo lo único que te protege del león, el cerco a tu alrededor.
Tu posición en Cristo es una posición de ventaja, estas protegido y cercado con el poder de su sangre y de su palabra, estas en el hueco de su mano, bajo su sombra y protegido bajo sus alas. No hay león que pueda tocarte, ni destruirte cuando estas !escondido con Cristo en Dios!
Pero….Si cuando el león, el problema, la amenaza ruja, te dejas vencer por el miedo y tomas decisiones emocionales y almáticas, decisiones alocadas y sin sabiduría, entonces, rompes los principios de su palabra, rompes el cerco que te protege y sales fuera de la cobertura quedando a merced del enemigo. Es allí donde el león te aísla y te atrapa.
David y Sansón mataron leones con sus propias manos, pero no con sus fuerzas, sino que pudieron hacerlo con la ayuda sobrenatural del Espiritu de Dios que estaba sobre ellos. Cuanto mas tu y yo que portamos dentro al Cristo resucitado, “Cristo en vosotros la esperanza de gloria” y al Espiritu Santo que habita dentro de nosotros, podremos vencer y despedazar todo león, problema, circunstancia, cualquiera que sea.
En Cristo somos más que vencedores, así que echa fuera el temor, levántate como el David y el Sanson de esta generación que no son la presa del león, sino el cazador aguerrido y valiente que sabe que el poder de Dios está en el para vencer.

¡No te dejes comer por el león!

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